lunes, 7 de febrero de 2011
¿Derrotada?
Hoy estoy cansada. Cansada de mantenerme firme, en lo que siento. Sí, quiero rendirme ya. Sólo lucho conmigo misma, y me he vencido. Me he convencido de lo inútil de mi postura. Tengo que doblegarme, sucumbir ante la razón, ante los argumentos que me he dado una y otra vez. Estoy cansada, agotada, deshecha. Ahora tengo que no perdonarme, no mostrar misericordia y arrasar con todo, no quiero que quede nada a lo que poder asirme y levantarme de nuevo. Si dejo el más mínimo, pequeño, y diminuto pedacito de esos sentimientos en pie, me agarraré a el y me haré fuerte de nuevo. La lucha comenzaría, razón y corazón, siempre, siempre, siempre, tratando de ver, quién puede más.
viernes, 4 de febrero de 2011
¿La princesa guerrera?
Me pregunto si podría ser tan fiera, como me pinto.
Si podría mantener el tipo, pase lo que pase.
Si escudarme en mis sentimientos, es protección suficiente.
Sigo ofreciendo, típico de mi.
Y te ofrecido ir delante, protegerte.
Esto es un cuento al revés te he dicho. Aquí la princesa quiere salvar al príncipe a toda costa. Llevo toda la vida bordando en el torreón, y pretendo armarme y salir a luchar, por ti.
¡Que locura! ¿No?
Y si la cota de malla me queda grande, y si me caigo del caballo, y si no sé sostener la espada. y si el enemigo es mas hábil en la batalla que yo, o más grande, o más fuerte, y si... de repente tengo miedo ¿Qué hago entonces?
Y tú, príncipe mío, bajas la mira con decoro tras mis besos, y no me pides que salga a batirme en lid por ti, pero tampoco me pides que no lo haga.
Quizá debería ver algunos capítulos de Xena.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Imposible... y yo.
He dejado de usar la palabra imposible. A él le ponían triste mis cartas cuando la usaba. Cuando le mostraba la realidad tal cual es, con todo ese montón de imposibles. Quizá simplemente empiece a usar cualquier sinónimo, supongo que al principio él no se dará mucha cuenta, pero los imposibles no han desaparecido. Sigo sin entender tantas cosas... tal vez son imposibles de entender.
Le ofrecí tiempo y no lo quiso.
Lo"maldije" diciéndole que un día no podría vivir sin mi, y que entonces yo no estaría, que se le va a hacer soy así de fanfarrona. Sé que no le soy imprescindible, en realidad nadie lo es, y yo, mucho menos. No me necesita, y yo, quisiera que no pudiera respirar si no es en mi presencia. Algunas veces creo que acabaré odiándolo, sólo porque no me ha querido lo suficiente. Incluso le dije que era posible que ya no me interesara tanto, que había hecho una oferta y él había dicho no, y que yo, quería cambiar de aire. Fue entonces cuando me miró a los ojos.
Me dijo, quédate un poco más.
Y me quedé.
martes, 25 de enero de 2011
Breve.
Buscaba las palabras que describieran un momento.
La yema de mi dedo, acariciando el hueco que se forma al final de tu cuello. Despacio, con suavidad, sientiendo el latido de tu corazón justo ahí. Mis dedos recorriendo el camino del hueso de tu clavicula, la piel tersa sobre el, la dureza, la calidez. Mi mano bajando por tu pecho, jugando con el vello oscuro que lo cubre, aspero. Una caricia tierna sobre tu pezón y mi boca buscando la tuya. El silencio.
Y cuando las velas se apagaron... encendimos más.
domingo, 23 de enero de 2011
Miedo.
Algunas veces escribo de tus miedos, y de mi miedos.
Tu miedo a que yo, acabe con tu vida perfecta.
Mi miedo a que sepas, que pienso de esa vida perfecta.
Me quieres, eso lo sé, lo veo en tus ojos cuando me miras, cuando me miras y no puedes acercarte.
Temes perderme, y le temes aún más a retenerme.
Temo perderte, y le temo aún más a tratar de retenerte.
Tienes miedo a desear de verdad tenerme a tu lado, tienes miedo de mi.
Tengo miedo, de que tu miedo, pueda más que tú, y acabe con nosotros.
Cuando era pequeña, mi padre, solía decirme algo que siempre recuerdo cuando camino sola de noche. "El miedo está en el culo, en cuanto miras una sola vez hacia atrás, estás perdido". Camino sola de noche de vez en cuando, al salir del trabajo sobre todo, algunas veces aún no ha amanecido cuando voy, y algunas otras tampoco lo ha hecho cuando regreso. Nunca tengo miedo, nunca miro hacia atrás.
Algunas veces querría decirte que no tengas miedo, no mires hacia atrás, mira sólo hacia adelante. Sé que puede parecer igual de oscuro, igual de aterrador, no sabemos que hay un poco más allá porque no se ve. Pero estaría yo, compartiendo ese miedo, ya no serían tus miedos o mis miedos. Sería... nuestro futuro.
domingo, 16 de enero de 2011
sábado, 15 de enero de 2011
Suscribirse a:
Entradas (Atom)