jueves, 14 de octubre de 2010

Se me olvido...

Le asusta que lo quiera, y lo entiendo, yo sentí ese mismo miedo, pero me apena. Después de nuestra primera noche juntos, yo misma le envié un párrafo de un libro que resumía a la perfección nuestra situación.
Justo ahí, en ese párrafo, en ese libro, guardé la flor que él me regalo el otro día.

"Nunca, nadie me había amado así. Con esa suavidad tan dolorosa. No sé vivir sin ti..., ¡y no puedo tenerte!. A menos que escapemos de la vida, a menos que huyamos del mundo para encerrarnos y arrancarnos las entrañas hasta morir de amor; el único futuro que nos queda es el presente".

Se me olvido, por un momento... llegue a olvidar...

jueves, 7 de octubre de 2010

Por casuadlidad

El destino, la bendita casualidad, hizo que me encontrase ayer con él. Yo huía, literalmente, de mi casa, y él, apareció cual caballero andante al rescate justo cuando doblaba una esquina. Cambiar mi plan de paseo sola, por paseo con él, fue sencillo. Una conversación agradable, aguantar las ganas de besarnos, y alguna caricia mal disimulada, compusieron nuestro tiempo.
Tengo muy poco lugar en tu vida, le dije, tampoco yo lo tengo en la tuya, dijo él. Negué con la cabeza, sin pronunciar palabra alguna. ¿No? dijo él, y entonces le hablé de Rebecca, y le pedí que no me hiciera hablar, que al igual que ella yo aún no había aprendido. Él no insistió en saber, pero no puedo olvidar sus ojos mientras me oía hablar, como si de verdad ese pequeño pasaje en un libro, y mis palabras al explicárselo fuesen algo... maravilloso. Pasamos el rato haciendo planes probablemente imposibles de llevar a cabo. Queriéndonos con los ojos, besándonos en cada mirada, sabiéndonos juntos. Como recuerdo de ese tiempo breve, guardo una flor, un pequeño regalo que crecía junto a una vieja encina. Me sentí tan joven ayer, mientras la colocaba con cuidado entre las páginas de un libro... tanto... tanto...

martes, 5 de octubre de 2010

La vida sigue igual...

Tú decías que sería yo quien me cansaría de ti. He estado un poco cansada, de todo en general, pero no de ti en particular. Es cierto que te he desatendido, pero es justo así como me he sentido muchas veces. Y no es que precisamente alguien este prestándome mucha más atención, no, para nada. Sigo estando igual de sola hoy, que hace un mes, o dos, o tres, o un año. Es cierto que ando infantilmente entusiasmada con él, pero recuperaré la cordura del todo, es más, poco a poco él mismo me la hace recuperar. No olvides que también estuve así por ti, y tú me explicaste, me enseñaste, me mostraste, el cómo y el cuando debía amarte, casi me dijiste cuanto debía hacerlo. Ahora, en mi desgana, he dejado de correr rauda a tu llamada, y tú, simplemente pareces haber olvidado que estoy aquí, que sigo aquí, y que de alguna manera la circunstancias son las mismas hoy, que hace un mes, o dos, o tres, o un año. No voy a suplicarte, ni a rogar, ni siquiera derramaré unas pocas lágrimas, para qué. Te di lo que querías, cubrí una necesidad, hice realidad algunas fantasías, serví para un fin. Supongo que volverás, en algún momento, y si lo haces me encontraras aquí, justo donde me dejaste.

Eso si aún recuerdas, como encontrarme.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Mucho que aprender.

Soy una tonta que sabe que tiene que perderte, y que pensó que ya te había perdido.
Supongo que eso no es algo que una deba decirle a un hombre, pero, al igual que la protagonista del libro que estoy leyendo, tengo mucho que aprender. En el libro, ella le confiesa que ha pasado la noche llorando porque pensaba que no lo volvería a ver. Él se sonríe y le dice "¡Bendita seas! ¡Que lástima que tengas que crecer!" No es que sea una niña, pero apenas pasa de los veinte años, y él, le dobla la edad. Eso sucede en Rebecca, de Daphne du Maurier. Ella avergonzada, piensa que las mujeres que confiesan esas cosas a lo hombres, aún debe quedarles mucho por aprender.
Yo, le doblo a la edad a esa jovencita, y aún no he aprendido, soy... ¿demasiado natural?
Suelo serlo en casi todo, a algunos les sorprende, que precisamente a mi edad, no use maquillajes, o visite poco la peluquería, o que las modas sean para mi... algo que está en los escaparates. Cuando abro el viejo baúl de mis sentimientos, salen en un torrente incontrolable, lo sé, sé que eso no debería ser así, por mi bien, pero...
Cuando digo te quiero, lo hago con el corazón en la mano, entregándolo, regalándolo, y la mayoría de las veces me lo devuelven maltrecho. No tengo edad de enamorarme como una jovencita, pero el amor es el único deporte de riesgo que me atrevo a practicar. Una vez más, soy una tonta, que confiesa lo que siente, y que sabe que desde ese momento... ha comenzado a perder.
Con lo guapa que estoy calladita...

La poesía erótica está siendo un desastre. La lectura del Kama Sutra resultó en cierta manera interesante y me confirmó eso de que el órgano sexual que hay que excitar es precisamente el cerebro. Susurrar al oído de un hombre, lo que has estado leyendo esa mañana, resulta ser muy estimulante...

miércoles, 15 de septiembre de 2010

¿Estudiante?

A nadie más que a mi, se le ocurre meterse camisa de once varas.
Por si no le he dicho antes, que supongo que si y muchas veces, me gusta escribir. Reconozco que tengo un talento y unos conocimientos muy limitados para hacerlo, pero eso no quita que me pase las horas dedicada a ello. Con el tardío afán de aprender, he hecho de vez en cuando algún taller de escritura creativa. Unos con mejor fortuna que otros, pero me han servido para ocupar ese escaso tiempo libre que yo, sedentaria por naturaleza, no dedico a gimnasios ni otros deportes. Me atreví con los cuentos, incluso con la novela, y con un libro de relatos breves. Se acerca el otoño, y es siempre en esta época cuando el gusanillo de sentarme a escribir aparece, queriendo devorar todo trozo de papel en blanco que se le ponga por delante. Y podía haber seguido con alguno en los que ya tengo experiencia, pero no, me he lanzado de cabeza a algo que no sé hacer, algo de lo que no tengo la más remota idea.
Poesía erótica.
Ni siquiera sé escribir poesía, y mucho menos erótica. El curso se ha iniciado hoy, tengo un temario por leer y unos ejercicios por hacer. Y en el primero va y dice... Busca un pasaje del Kama Sutra que te guste especialmente y escribe un poema a partir de el. Y ni siquiera sé si confesar que nunca he leído el Kama Sutra. Ninguno de mis compañeros va a verme la cara, nadie sabrá de mi más que mi nombre, pero casi puedo ver sus caras riéndose cuando presente mis... poemas eróticos.
En fin... debí gastarme el dinero en zapatos.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Francamente, queridos.

Cada vez que me ves, al despedirte, dices que no sabes si será la última.
No sé porque fui, me retrasé todo lo que pude pensando que ya no estarías. Al llegar te dije que pensaba que ya te habrías ido, y tú contestaste, que estaba loca si creía que te marcharías sin verme. Me sentaste en tus rodillas, y me besaste lentamente. Si el amor no entiende de razones, el sexo tampoco. Mi mente no se concentró de inmediato en ti, pero mi cuerpo sabía que le esperaba con cada una de tus caricias. Se preparó para ti, aún antes de que yo deseara ser tuya. Tanta humedad nos sorprendió a los dos. A ti te hizo perder la cabeza, y a mi, el resto de la ropa. Y perdido entre mis piernas, terminaste empapado de ese íntimo sabor que tanto te gusta, ese que echabas de menos, en lugar de echarme de menos a mi.
No me gustó que me gustara, aunque no sé de que me extraño. ¿Cuando ha formado el amor parte de nuestros encuentros?. Me haces dudar de todo, me haces dudar de mi.
Para serte sincera, creo que soy para él, exactamente lo mismo que para ti. Ninguno de los dos me quiere para si, a los dos os importo, pero desde lejos. Incluso es posible que eso mismo penséis ambos de mi. Que puedo amar unas horas, una noche, un par de días, para luego volver a mi vida. Pero sólo estoy aceptando lo que me ofrecéis, ninguno de los dos querría más de mi. Volvéis también a vuestra vida perfecta, donde yo, no tengo cabida. Y ojalá pudiera decir a todo eso, lo que dijo Clark Gable...
Francamente, queridos, me importa un bledo.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Anoche

Hubo vino, helado de chocolate, velas, música suave, y cantidades ingentes de amor.
Un amor que se desbordo haciendo que nuestras pieles brillasen, que nuestros labios se buscasen y nuestros cuerpos que por fin se habían encontrando, se negasen a separarse. Sentí su corazón latir en mi pecho, y la felicidad tomó forma de lágrima. Las emociones que trataba de contener escaparon de su pobre encierro. Loba aullando de placer a luz de la luna, queriendo reclamar para si, aquello que poseía en ese momento.
Las primeras luces del alba me hicieron abandonarlo, dejar mi lado a su lado. Pero nada me hará olvidarlo. Y nada puede evitar, que anhele su presencia, y que empiece a dolerme su ausencia.