martes, 7 de febrero de 2012

Llamadas.

Ayer me llamó alguien que fue... alguien para mi hace casi diez años.
Me pregunto por qué sigue llamándome después de tanto tiempo. Jamás hablamos del pasado, ni de lo que fuimos. Quizá lo hace sólo porque me prometió ser siempre mi amigo. A lo mejor así cree que está cumpliendo su promesa. Cuando hablo con él, soy, bueno, como soy. Algunas veces me parece que quizá pueda ver insinuaciones veladas en mis palabras. En mis.. no me ves porque no quieres, o no hablas en persona conmigo porque has elegido no hacerlo. Hace diez años creí estar enamorada de él, y él, ni siquiera llego a creer que lo estaba de mi. Lloré cuando se acabó, pero sólo porque soy una llorona, lloré por mí, porque necesitaba la atención que de vez en cuando me prestaba. Lo quería, pero no lo amaba, y él, bueno, supongo que me apreciaba. En mi memoria tengo algunos recuerdos, largas charlas, copas compartidas, una gota de champán que recogió de mi cadera con sus labios antes de que manchase la cama, unas pocas noches juntos, en fin... recuerdo alguna de esas cosas cuando me llama, pero nunca me atreveré a preguntar que es lo que él recuerda o por qué sigue llamando.

sábado, 4 de febrero de 2012

Cosa de dos.

Nunca me ha mentido. Nunca me ha prometido que iba a cambiar su vida por mí. Fui yo, la que pensó que quizá por amor...
Soy yo la que cree en cuentos de hadas, yo, la que se los escribe. Soy yo la que cubre con palabras sus ausencias. Él lo sabe, incluso me lo dice, todo esto se mantiene porque eres muy tolerante conmigo, eso dice. No, le digo, se mantiene porque te quiero. Culpa de mi obstinación al amor que siento si quieres, no a mi buen carácter. Tengo un genio de mil demonios, un genio que el domina con tan sólo una sonrisa. Son muchas las veces que pienso que el día en que haya de olvidarle, habré de odiarlo o no podré hacerlo. Para olvidar hay que dejar de recordar, y él, ahora, es mi único pensamiento. Sí, lo sé, ni siquiera se lleva estar tan enamorada, lo sé, soy una anticuada. Sé que no me prometió cosa alguna, sé de la manera que me ama, sé que vuelve a mi una y otra vez porque necesita lo que tiene en mi, el amor, o la manera en que lo siente cuando está conmigo. Estarías mejor sin mi, le dije, mucho más tranquilo. Pero sabes qué, te faltaría una cosa, te faltaría yo. Algunos días él también reniega de mi, también quiere acabar de una vez con todo esto, pero... tantas veces como renuncia a mi, tantas otras que me da la razón en eso de que... le falto yo.
Aguanto porque lo amo, aguanto, porque él también aguanta.
Y sí, sé que esto es vivir en una montaña rusa que nos tiene, no sólo a mi, arriba y abajo, que nos marea y que podríamos bajarnos en cuanto uno de los dos quisiera. Sin embargo, ninguno de los dos somos capaces de renunciar a lo que sentimos, al menos, no de momento.
Llevamos este amor enraizado dentro de nosotros, debería ser fácil dejarse llevar sólo por él.

jueves, 2 de febrero de 2012

.....

Mi única arma es resistir, y cada día, al amanecer, descubro desertores en mis tropas, en esas que han de aguantar hasta que la fortaleza caiga.
Quizá se ha corrido la voz entre ellos de que yo, su comandante en jefe, sé que la fortaleza jamás se rendirá a mi, que jamás seremos conquistadores de esa plaza, que nunca pasearemos por sus calles victoriosos.
Batalla tras batalla, inútiles todas ellas, vuelvo a planear nuevas estrategias. A quién quiero engañar, ideo mil y una estratagemas que luego no me atrevo a llevar a cabo. Moriría desangrada en el campo de batalla, y arrastaría conmigo a mis valerosas huestes, y aun así, no conseguiría nada. No, no tiene sentido pensar que a lo mejor con el buen tiempo conseguimos avanzar. Miento, como Penélope, que deshacía lo tejido durante el día amparada por la noche, y así ganar tiempo en espera del retorno de su esposo. Miento, arengo a esos bravos soldados, los hago creer que avanzan, que ganan puestos, que el fin está cada día más cerca, y durante la noche, sin que se den cuenta, los hago retroceder justo hasta el lugar donde han estado desde el principio. Parece que ya no los engaño, sólo sigo haciéndolo conmigo misma.
Inicié esta contienda sabiéndome perdedora, pero creyendo que al menos podría plantar cara el enemigo y luchar por lo que quería. Decidí no hacerlo, sólo, esperar. Elegí una muerte lenta, en lugar de una digna en el campo de batalla.

domingo, 29 de enero de 2012

Un ¿cotilleo?.

Ni tú ni yo sabemos cuando empezó todo esto realmente. Debía hacer meses, quizá incluso años, que nos mirábamos en la distancia, que buscábamos el uno la compañía del otro, y al menos yo, no entendía muy bien el por qué, no le ponía nombre a aquel sentimiento, porque aquello entre tú y yo simplemente no podía ser.
Pusimos una fecha concreta a partir de la cual contar, en ella fechamos nuestro aniversario. Siempre dije que para no poder celebrar ninguno fui muy ambiciosa, y quise tener dos. El de nuestra primera cita a solas, y del nuestra primera noche juntos. Nuestro amor vio la luz una mañana de principios del mes de Agosto, aquel día dio sus primeros pasos. Y dijo su primer te quiero una noche, de tan sólo unos días después. Y fíjate lo grande que está, como ha crecido, cuanto ha caminado desde entonces. No pudimos celebrar su primer año, y es posible que con la llegada del próximo verano, tampoco podamos celebrar el segundo. Es robusto y fuerte, sano, alegre, nos da quebraderos de cabeza, nos hace desesperar, y a mi sobre todo hay días en los que incluso me hace llorar, pero me compensa verlo crecer. Porque pese a todo hay días en que crece, días en que da un estirón enorme, se vuelve tan grande que da casi miedo no poderlo controlar. Vernos obligados a esconder algo tan hermoso, algo tan tuyo y tan mío, tan nuestro, no lo merma. Tú te asustas más que yo cuando ves como avanza, aunque quizá a mi me envalentona tu cobardía. A ti te asombra que llevemos así tanto tiempo, y creo que a mí, algunas veces, me asombra aun más.
Tiene todos los ingredientes para que sea un amor excepcional, y a la vez tiene todos los inconvenientes para hacerlo fracasar.
De momento... mantenemos el equilibrio.

viernes, 27 de enero de 2012

Al amanecer.

Acabo de agradecerte los besos que no me das, y la cama que no me calientas. Agradezco la intención, eso te he dicho.
Los momentos Lady Halcón cada día me sientan peor, veo que no habrá eclipse que nos libre de la maldición.
Dije una vez que el nuestro era un amor más de almas que de cuerpos, que no necesitábamos tocarnos, ni vernos, para amarnos. Cada día que pasa necesito más que ese amor sea algo tangible, que no parezca que me lo imagino todo, que no me de la sensación de no saber distinguir entre lo que sueño y lo que vivo en realidad. Cuando te veo en esos breves momentos al amanecer, cariño, eres un extraño para mi. Dónde está el hombre que me besa, el que me dice que me ama, el que me abraza durante minutos interminables. Dónde está el hombre que me hace el amor con una pasión arrolladora. Me desespero buscándote en tus ojos. ¿Estás ahí?
Algunos días, algunos días, de verdad qué no sé, qué demonios estamos haciendo los dos.

viernes, 20 de enero de 2012

¿ Qué te apuestas?

He asumido el riesgo de que mis sueños jamás se cumplan.
¿Qué puedo perder? No tengo nada.
El sentimiento es fuerte, recio, sano, y tiene ganas de vivir. De momento es con lo único que cuento.
Él se ensombrece, porque se siente culpable ¿De qué? pregunto yo. Y volvemos a la eterna discusión de qué no me da lo que debería, y me callo la pregunta ¿Pero de verdad querrías? Lo pinto todo del rosa más pastel que sale de mi imaginación, lo endulzo con las palabras mas azucaradas que soy capaz de encontrar. Dibujo sonrisas, regalo abrazos, y todo el amor que soy capaz de dar, y él, se vuelve a iluminar. Mi única arma es ese amor, esa esperanza, esa paciencia. Apuesto mis sueños a un sólo numero, todos sin excepción, cruzo los dedos y espero. ¿Demasiado riesgo? Quizá, pero si tengo suerte, tendría mucho que ganar y poco que perder, los sueños siempre se pueden reemplazar por otros. Es de humanos soñar.
Y el amor, ese sentimiento, si es tal y como creo, nunca se perderá.

miércoles, 18 de enero de 2012

De lo mucho y de lo poco.

Te ha dolido saber, según tú, que espero poco de ti.
Amor mío, ¿No es eres tú acaso el que dice que no puede darme más?
Poco, poco, yo, que aún tengo puestas mis esperanzas en que abras los ojos y me veas. Yo, que me voy cada noche a la cama rogando a quien haya que rogar, que no dejes de amarme. Que despierto cada día susurrando un te quiero que nunca oyes. Yo, que sigo esperando, esperando, esperando, esperando, esperando. Piensas que espero poco de ti, porque sabes que no vas a darme nada de lo que de verdad espero. Veo a través de la venda que ha puesto el amor en mis ojos. Nada esconde la realidad para mi, nada la tapa, nada la disimula, y sigo aquí. Te enfadas conmigo y dices...yo quería verte esta semana. Y me aguanto las ganas de poner los brazos en jarras y contestar con chulería algo cómo... qué pasa, ¿que ya no quieres?.
No, yo no espero poco, sigo esperándolo todo, todo de ti