miércoles, 28 de septiembre de 2011

De su vida y de la mía.

Hablo siempre de todo lo que él tiene en su vida sin mi.
Nunca digo, todo lo que yo tengo en mi vida sin él.
Si le preguntaseis, si pudierais, os diría que tengo una vida, bueno, no es de purpurina dorada como la suya, pero a sus ojos puede ser igual de perfecta.
La única diferencia es que en su día le aclaré porque tenía cabida en mi vida. Le expliqué que podía estar muy llena de algunas cosas, y totalmente vacía de otras. Y él, llenó el vació. Esa es la diferencia. Él ocupa un lugar que estaba libre en mi vida, en mi corazón, y que ahora es suyo. Yo, sólo comparto un lugar en la suya, y no podría asegurar si la parte que me corresponde es mayor o menor. Se podría decir que vino a cubrir una carencia, la del amor, y supongo que de alguna manera yo también cubro una para él, y quiero creer que es esa misma, la del amor.
Los imposibles, esos, están por todos los lados. Crean una inmensa muralla difícil de salvar, sólo que en mi caso estaría dispuesta a dejarme la piel para escalarla y saltar al otro lado. Y él, bueno, creo que puede que se sienta incluso a salvo tras ella.
No soy valiente, para nada, y quizá sólo me envalentona su cobardía. Quizá si un día él se levantase osado, yo, me acobardaría, quién sabe. Puede que lo esté senteciando culpable de que no tengamos futuro, y hay muchas posibilidades que yo misma sea cómplice en ese delito.
Mañana volverá a amanecer para los dos.
Apenas podré cruzar una mirada con él, para pena de mis ojos, que con gusto se quedarían prendidos de los suyos, toda una vida.

martes, 27 de septiembre de 2011

Lunes.

Conversación adulta...
Desde luego nuestras lenguas mantuvieron una larga, enredada, y lujuriosa conversación.
Nuestras pieles no tenían nada que reprocharse, nada que aclarar, y mantuvieron a nuestros cuerpos tan juntos que ni el aire tuvo cabida entre ellos.
Los largos y silenciosos minutos abrazados, dijeron casi todo lo que nos teníamos que decir.
Yo te dije, tú me dijiste, no lo dije de esa manera, te entendería mal. El tiempo, el tiempo que hacía que no nos veíamos, es el único culpable de casi todo.
Y yo, sí, sé que me como la cabeza. No pienses tanto, suele decirme, pero no me encuentro el botón de apagado, no sé como detenerme cuando empiezo a pensar. Sus silencios hacen que mis dudas se reproduzcan a una velocidad vertiginosa. Me mata no poder estar contigo cuando me necesitas, eso me dijo. Podría, yo podría haber rebatido eso, había maneras de estar conmigo sin llegar a estarlo físicamente, pero callé.
Mis dudas no están muertas, ni resueltas, sólo encerradas en algún lugar que desconozco y desde que el que, sin esperarlo, escaparan cualquier día para atormentarme de nuevo. Una vez más os doy la razón a todas, disfruta, vive, no esperes... pero nunca supe hacer eso, y soy demasiado mayor para aprender.
Sigo pensando que hay preguntas que debo hacer, aunque las he pospuesto una vez más.
Le regalé una foto en la que estamos juntos, pero no solos, estamos muy guapos y muy sonrientes.
Ves, así soy yo cuando estoy contigo, le dije, no dejes que se me acaben las sonrisas, no dejes que pase tanto tiempo.
No sé no ir detrás, y en realidad no siento que vaya detrás, sólo digo lo que siento o lo que pienso. Sí, le digo que le quiero, que le necesito, porque no puedo mirarle a los ojos y que lo vea, no puedo acercarme y que note la necesidad que tengo de ser abrazada, la necesidad de un poco de ese cariño que no tengo derecho a reclamar. Lo que siento es más fuerte que yo, y no me gusta que me arrastre de esta manera, pero no puedo controlarlo. Mi control llega sólo hasta no ponerle nunca en una situación comprometida delante de los demás, sólo hasta ahí. Empleo mis fuerzas en no usar el teléfono cuando no puedo hacerlo, o no presentarme donde no se me espera. Intento dejarlo vivir todo lo que puedo. Grito sobre el papel, y me desespera cuando siento que no oye esos gritos. Yo me lo busqué, con su ayuda desde luego, nos lo buscamos los dos. Él lo lleva aparentemente mejor, ya os digo que pocas veces me deja ver como está sin mí y eso no quiere decir que siempre esté del todo bien, yo, soy yo, y contra eso poco puedo hacer. Nos enamoramos y no sabemos muy bien que hacer con lo que sentimos. No sabemos detenernos aunque parezca que tampoco podemos continuar.
Yo, nunca había hecho el amor, con tanto amor, nunca hasta nuestra primera vez. En esos momentos es sólo mío, y yo sólo suya. El placer del sexo crece hasta alcanzar lo indescriptible, porque al deseo, a la pasión, le ponemos... muchísimo amor.
Su corazón y el mío latieron ayer más al unísono que nunca, juntos, desde el principio al fin.
Y eso no hubiera sido posible sin amor.
Soy una tonta romántica, lo sé, pero eso es algo de lo que tampoco quiero curarme.


domingo, 25 de septiembre de 2011

Ayer.

Cuando llegué no estaba.
Sólo encontré mi ahora numeroso turno. El turno de mañana al completo, nadie del turno de noche.
Me senté, casi porque no podía sostenerme de pie. Miré el reloj, no llegaba demasiado tarde, era la hora de siempre. No me atreví a preguntar, era evidente que se había marchado, por primera vez en años, él, no me había esperado.
Entonces lo oí en el pasillo. Quise levantarme y salir a su encuentro, pero no pude. No lo vi abrir la puerta, sólo sentí su mano recorriendo mi espalda hasta llegar a mi brazo, una presión leve, casi una caricia. Levanté la cabeza y allí estaba, justo a mi lado.
Por circunstancias que serían larguísimas de explicar y que pasarían por cuestionarse si la gestión del lugar en el que trabajamos es acertada o no, tuvo que dejar nuestro servicio para hacer el turno en otro. Podía haberse marchado y yo no lo habría visto, pero pasó por allí a tomar café, como siempre. No pude hablar con él, nada, ni una sola palabra. Ni siquiera hemos concretado nada para mañana, no sé seguro si nos veremos. No he sabido nada de él desde el viernes por la tarde, sigo confusa, a oscuras, sin saber que pensar.
Por un lado me digo que se quedó, que quizá eso sea una buena señal.
Por otro está este odioso silencio que se empeña en mantener.
Yo, pensaba que él no era como otros, en realidad sigo pensando que no lo es. Pensaba que se preocupaba por mí y de mí. Pensaba que le hubiera gustado deshacerse en atenciones conmigo si las circunstancias lo hubiesen permitido. Es un hombre serio y responsable, atento, cariñoso, siempre lo imagino pendiente de todo, y pensé que no lo estaba de mi por todos esos imposibles que nos rodean. No lo imaginé nunca huyendo de mí, ni sacudiéndose la poca responsabilidad que sintiese hacia mí, aunque quizá responsabilidad no sea la palabra. Uno no puede decirle a alguien que lo ama, y salir corriendo a las primeras de cambio, no puedes atascarte en el primer escalón, ni rendirte al primer contratiempo. No, no sé lo que es, pero él no es así, puede que sólo sea así conmigo. Lo conozco, conozco su vida, y es... bueno, no creo que nadie pueda tener queja alguna de él, creo que siempre está cuando se le necesita, y cuando digo siempre, es siempre. Pero no hace lo mismo conmigo. Quizá creí que yo era eso que él mismo decía, única y especial en muchas cosas, y no lo soy. No quiere que yo lo necesite, y una cosa tengo clara, no sé muy bien como terminará todo esto, quizá cada uno siga su camino o quizá sigamos intentando estar juntos a pesar de todo, pero nunca más volveré a decirle que lo necesito.
Suele decirme que le gusta como es y como se siente cuando está conmigo. Suelo decirle que a mi pasa lo mismo, que cuando estoy con él soy del todo yo. Es muy posible que haya sido demasiado yo misma con él, puede que sólo sea eso, no he escondido nada, ni lo bueno ni lo malo, y se ve... que doy miedo cuando de verdad se me ve.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Confundida.

Mañana lo veré al amanecer, eso creo.
Le dije que era mi vida, y se asustó.
No lo seas si no quieres, le dije. Eres la vida de mi amor, de mis sentimientos, de mi corazón, pero no lo seas, no te lo diré más. Le dije que llevaba días muy triste, que siempre salgo sola de mis malos momentos, pero que esta vez quise que él me ayudase ¿tan malo es recurrir a la persona a la que amas?, le pregunté. Ni que decir tiene que tuve que escribir esas preguntas, algunas respuestas, y muchas cosas más. Las que habéis pensado que no me ha contestado, habéis acertado. Lo veré mañana, eso creo, pero cada vez somos más a la hora del relevo, y contando por encima quizá haya más de catorce personas cuando nos veamos. Mantener la más mínima conversacion es impensable, pero, el lunes, si no hay novedades, si podremos hablar todo lo que queramos, eso ha dicho él, que es muy adulto y quiere mantener una conversación adulta conmigo.
Llamadme lo que queráis, pero es que... ahora mismo no sé lo que quiero.
Ese no futuro, esa carga que me he sentido últimamente... esa sensación no me abandona. Sigo pensando que no le importo. Él sabía que yo no estaba bien anímicamente, porque se lo había dicho, y.... ¿ recordáis el día el móvil, cuando el mensaje del cine? A él no se le ha ocurrido hacer lo mismo, marcar mi número y hablar conmigo, preguntar si lo necesitaba. Aunque yo claramente le había dicho, que necesitaba de su cariño. No se ofende ni se molesta, porque le dije la verdad. Sé que puedo ser chinchosa y caprichosa, puede que no quisiera más que reclamar un poco de atención, puede que me haya portado como una niña, que tuviese una rabieta. Puede que sólo quisiera que se diera cuenta de que estoy aquí, de que me duelen algunas cosas, que no soy perfecta como dice, sólo humana, mujer y para más inri... enamorada, precisamente de él. Que no soy tan fuerte como parezco, yo que sé.. es que ya no sé...
Lady Tea tiene razón, debería disfrutar de mi amor y nada más, ¿estoy peor sin él? No lo sé, realmente no lo sé. Me destroza pensar que nunca más podría tenerlo como hasta ahora. ¿Volveríamos a ser sólo amigos? Tampoco lo sé, con el tiempo es posible que sí. Sé que soy muy capaz de mantener una amistad con alguien que antes fue algo más, lo sé por experiencia, pero con él...
No sé si me quiere tanto que me perdona cualquier cosa que le diga, o simplemente es que no le importa lo mas mínimo lo que pueda llegar a decirle. Sí, estoy muy confundida. Sé que no reacciona bien cuando me pasa algo, al menos le pasa conmigo no sé con otras. Se aleja, en lugar de acercarse, se asusta, se agobia, quiere mantener la compostura o algo así, no sé...aunque me consta que es atento y cariñoso, conmigo reacciona de manera extraña cuando sabe que me hace falta ¿por qué? ¿quizá por qué no puede hacer lo que de verdad quiere?. Mi querido Oráculo suele decir que hacer preguntas no sirve para nada, que la mitad de las veces conocemos las respuestas, sabemos el por qué de todo, pero nos negamos a reconocerlo.
Una conversación adulta es desde luego necesaria.
¿Qué voy a decirle?
Me temo que soy de improvisar.
¿Qué va a decirme?
Para conocer la respuesta a esa pregunta, no hay más remedio que esperar.



jueves, 22 de septiembre de 2011

O quizás no...

Dice, que no tiene nada que perdonarme, que no le he ofendido, que nunca podría enfadarse conmigo, que somos lo bastante adultos como para hablar de lo que tengamos que hablar, que todo lo que he dicho es comprensible y entendible.
Yo, estaba ya de luto, y él, ha resucitado.

martes, 20 de septiembre de 2011

Sencillo.

Ha sido más fácil de lo que pensaba, y también mucho más doloroso.
No han hecho falta preguntas ni respuestas. Sólo le he echado una bronca, sí, he dejado de ser perfecta y he regañado. He dicho que no le importa como me siento, que no me presta atención, que le da igual lo que me pase, en fin... una serie de cosas que no suelo decir.
Según él, pensaba decirme muchas cosas que ya no me dirá.
Y se acabó.
Ya no he vuelto a saber de él.
No me entra ni el agua en el estomago, y sí, sí, después me arrepentí y le pedí perdón, pero se ve que ya era demasiado tarde. El daño está hecho. Ahora toca apechugar con las consecuencias.
En fin.. como digo.. mucho más fácil, y mucho más doloroso.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Para Dawa.

-Hazme un regalo.
-¿Que te gustaría?
-Quiero una sonrisa.
-Eso es fácil.
-Entonces ¿Por qué regalas tan pocas estos días?
-No tuve motivos para sonreir.
-Regálame una, pero no así, no la fuerces. La quiero llena de magia, de calor, de amor, sincera, alegre, inocente y picara a la vez, que llegue de tus labios a mi alma, como hacías antes.
-¿Antes de qué?
- No sé, antes de que la perdieras.
-No la he perdido, debo tenerla en alguna parte.
-Búscala, y cuando la encuentres, regálame una.


Busco una sonrisa para hacer un regalo. No está en los cajones, ni en el armario, ni en las cajas de carton, ni entre los libros. He mirado en los bolsillos, entre los calcetines, hasta en la lata de las galletas, y no está en ningún sitio.
Pero la encuentro, mientras recuerdo...
Cuando me cogías de la mano, cuando me besabas en mitad de la calle, cuando me decías que te hacía sentir un adolescente, cuando me apartabas el pelo de los ojos. Cuando te encuentro ahora por casualidad, cuando me llamas para saber como me va, cuando me pides... una sonrisa.
Y sonrío, casi sin pensar que lo hago.

-Aquí tienes tu sonrisa, no la voy a envolver, quiero que te la lleves puesta ¿te gusta?.


Hace días y días que le debo una sonrisa a Dawa. Escribí esto hace mucho, Noviembre de 2005 dice bajo lo escrito en mi antiguo blog. Alguien me ha llamado por teléfono esta tarde, esa persona que él no quiere ni oír mencionar, para hablar de mi libro, que por cierto no le ha gustado nada, pero ha dicho algo que me ha recordado el cariño que me tenía.
"Es que al leer pensaba, esto lo ha escrito mi Jo, y le ponía cara a los relatos, y son... demasiado oscuros."
Y me ha hecho sonreír. Volverá a llamar, pero sé de sobra que tardará mucho en hacerlo. Con la sonrisa ha vuelto sin saber por qué el recuerdo de aquello que escribí hace tanto, y me ha costado un buen rato encontrar esa sonrisa, para regalársela a Dawa.
Puede que no la veas, puede que haya usado palabras desempolvadas, pero he sonreído tal y como digo, casi sin darme cuenta de que lo hacía.
Es tuya.
Espero que te guste.