Todos tenéis razón, si no hay futuro, ¿Qué hago aquí?
Conocéis mi versión de los hechos, ni siquiera yo conozco del todo su versión, es más reservado con algunas cosas de lo que puede parecer, incluso conmigo.
No me dices las cosas por qué no quieres o por qué no sabes como hacerlo, eso suelo preguntarle alguna que otra vez. Las dos cosas, contesta él.
Y él, ¿Qué hace él aquí?
Me habéis oído, o mejor dicho leído, decir que lo tiene todo sin mi, y creedme, cuando digo todo, es todo. Podría haberse deshecho de mí, tenía motivos que yo entendía y entiendo de sobra. Al igual que no le causo problemas ahora, no lo hubiera hecho llegado ese caso, y él lo sabe. Es posible que yo hubiera estado triste, llorado, desesperado, pero también estoy segura de que se me habría pasado con el tiempo. Podría no verlo más, bastaría con evitar esos amaneceres y las fiestas señaladas con los compañeros, podríamos salir el uno de la vida del otro, y él, tenía motivos sobrados para hacerlo, para salir de la mía y dedicarse exclusivamente a la suya.
¿Por qué no lo hizo? ¿Por qué no lo hace?
Porque me quiere, estaréis pensando, y sí, así es, me quiere, pero... ¿Tanto? ¿Tanto como para arriesgar esa vida perfecta suya?
En estos días me he sentido...fatal, esa es la palabra. Con ganas de ser yo quién lo libere de mi carga. Es feliz y se lo noto, feliz sin mí.
Un día dije que llegaría el momento de hacerle una pregunta, y que después debería ser consecuente con lo que me respondiese .
El momento se acerca.
No consigo quererlo menos porque no esté, y él, no consigue dejarme, y lo necesita, necesita librarse de mi. Puede que tenga miedo de herirme, de hacerme daño, y no se da cuenta de que es así como me mata, quedándose y dándome tan sólo lo que... ¿sobra?,
Tendrá que aprender a contestar a mi pregunta, dejar de callar.
Hay un momento que nadie puede evitar, y es el de decidir, el de elegir, el momento de la verdad.
Después, todo acabará.