miércoles, 10 de agosto de 2011

.......

El viento sopla con fuerza.
Imparable se cuela por puertas y ventanas.
Nervioso se arremolina.
¿Qué busca?
Arrasa con lo que puede a su paso.
Seca la tierra, levanta polvo.
Desesperado.
Gime entre los arboles.
¿Llora?
¿Acaso no lo oyes?
No halla lo que quiere, no encuentra consuelo, no se detiene.
Nada lo calma, nada lo apacigua.
¿Triste?
Susurra en los rincones, grita en las calles.
Azota arboles y marchita rosas.
Está solo, porque al viento, nadie lo ve, nadie lo toca.

martes, 9 de agosto de 2011

Había una vez...

El viento sopla con fuerza hoy, comenzó de madrugada, robándome el sueño al hacer tintinear las lámparas. Un afilador anuncia esta mañana sus servicios, cuchillos, tijeras...y esa musiquilla que hace años que no oía. Una buena mañana para escribir un cuento.
Recordaba con el café del desayuno, el principio de toda esta ¿historia de amor?. Sí, en realidad justamente eso es lo que es, lo tiene todo, amor, pasión, deseo, celos, dificultades, si alguien la escribiese puedo asegurar que reúne todas las condiciones para ser una magnífica novela rosa, salvo el final, aún no tiene, y cuando lo tenga no creo que sea demasiado bonito. Pero tiene un principio.
Hace algunos años pedí un cambio de servicio, una de esas cosas que se hacen así casi de pasada, por dejar de oír a los que me decían que no fuese tonta y que buscase un lugar donde el trabajo, en apariencia, era menos cansado. El destino, porque otra explicación no hay, hizo que me lo concedieran, no tenía la antigüedad suficiente, pero, quien debía aceptarlo lo rechazó, y yo, cambié de ¿suerte?.
Y allí lo encontré, lo conocía de oídas, pero no le ponía cara al nombre. Con el tiempo me confesaría que hacía años que me observaba, y que lo llenó de alegría saber que precisamente yo iba a trabajar con él
Desde el primer día me sentí comoda con él, no me costaba hablarle, ni trabajar a su lado, no había mejores compañeros ni más compenetrados. Él me buscaba a mi, y yo, lo buscaba a él. Pasaron así un par de años, entonces alguien volvió a su puesto, desplazándolo a él del suyo a mi lado. Eso nos separó, ya no pasábamos horas juntos, como mucho un par de minutos a la hora del relevo, los mismos minutos que pasamos ahora, ni más, ni menos. Y así, transcurrieron otro par de años. Fuera del trabajo sólo coincidíamos en esas salidas que hacen los compañeros juntos, Navidad y fiestas de guardar. Cervezas, risas, baile, charlas, y esos ojos suyos que me atrapaban de vez en cuando, y en los que no me importaba perderme, aunque no sabía interpretar del todo sus miradas. Estábamos bien juntos, estamos bien juntos, y eso salta a la vista de todos.
Una noche tras una de esas "fiestas", tras haber sorprendido mas de una de esas larguísimas miradas, justo cuando me despedía, con esos dos besos que se dan los amigos, esos en los que dices... te veo mañana... y amparada quizá por las copas, le dije, ¿me das otros dos?, por supuesto dijo él. ¿Y dos más? volví a pedir, encantado, contestó. Ni que decir tiene que no estábamos solos, y lo sabíamos, así que los besos no pasaron de las mejillas, aunque como después le confesé, ardía en deseos de besarle largamente y sin prisas. A la mañana siguiente le escribí dándole las gracias, por ser tan amable conmigo.
Y empezaron las palomas, yendo y viniendo, yendo y viniendo. Cada día nos descubríamos un poquito de corazón el uno al otro. Con que cuidado, con que mimo, con que cautela, para que ninguno asustase al otro.
Él aguardó para decirme que me quería al momento preciso, a una noche llena de estrellas, al vino y las velas. Sí, sé que puede parecer poco original, pero fue precioso, y era la primera vez que alguien pensaba en tantos detalles para decirme algo así.
Decir que eramos las dos personas mas felices encima de la tierra, no sería exagerar. Él llevaba años esperando, mirándome desde lejos, queriendo decirme lo que me dijo aquella noche de verano. Y yo, llevaba tiempo preguntándome porque me sorprendía pensando en él en momentos y situaciones en los que casi no venía a cuento.
Sonrisas, creo que nunca he sonreído más en toda mi vida, y lo hago cuando lo recuerdo. Quise contener lo que sentía, porque ya era consciente de que no iríamos mucho más allá de donde estábamos. Quise hacerlo, pero me crecieron unas hermosas y enormes alas debidas al amor que me llenaba, me vi capaz de volar, de llegar a cualquier parte, era feliz por primera vez en mucho tiempo. Y dejé que me inundase, deje que el amor me llenase por completo y comencé a derramarlo para él. Y él, se bañó en ese amor, y dejó que el suyo hiciese compañía al mío, dos corazones que se entendían a la perfección, como si durante toda nuestra vida nos hubiéramos estado esperando, como si cada una de las casualidades que se habían dado nos hubieran estado conduciendo a esos momentos. El uno hacia el otro.
Y entonces, como en toda historia de amor que se precie, surgieron las complicaciones y los imposibles.
Fue la primera vez que trate de matar lo que sentía. Dije basta, esa vez lo dije, no puede ser, así no puedo, no puedo, no puedo. Lloré, y él lloró, porque no podía hacer nada, porque no encontraba consuelo para mi, porque lo ahogaba la rabia. ¿por qué hemos esperado hasta ahora? me preguntaba ¿por qué hemos tardado tanto en decirnos lo que sentíamos? Cada cosa tiene su momento, le decía yo, y este era el nuestro, a pesar de todo, era este.
Mi corazón se negaba a no sentir, se negaba a relegarse al olvido otra vez, no quería dejar de latir. No podía amarlo, pero no podía dejar de hacerlo. Y como en toda historia de amor que se precie, dejé de comer, dejé de dormir, y le dije que no podía dejar de quererlo, que no me importaba nada, ni nadie. Y a él, le pasaba exactamente lo mismo. Y volvimos a vernos, empezamos a alternar la felicidad con otras cosas. Puede que la vida no sea un camino de rosas, pero algunas veces pienso que alguien ha robado todos los pétalos, y ha dejado para nosotros, para mi, solamente las espinas.
El resto de esta historia de amor, capítulo más, capítulo menos, está escrita aquí.
Algunas veces pienso, sueño, imagino, fantaseo, con que algún día leeremos todo esto juntos, porque por arte de birlibirloque, los imposible perderán algunas letras, y todo será posible.

Amarlo así me duele la mitad de los días, pero es un dolor soportable, estar sin él.... simplemente me mataría.
Pronto volveré al trabajo, a los dos minutos al amanecer, al café deprisa que se toma conmigo aun sabiendo que todos nos miran, a la charla sin sentido mientras nuestros ojos se hablan, a las caricias distraídas, a querer robar un beso a escondidas, a que me tiemblen hasta las rodillas si lo consigo, si lo consigue, a los corazones desbocados.
Suelo decirle que nuestro cuento está algo así como por la mitad, estamos escribiéndolo, hay que esperar. La vida da muchas vueltas, en esta nos hemos encontrado, esperaremos a ver que sucede con la siguiente.

lunes, 8 de agosto de 2011

Dura por fuera y blanda por dentro ¿Qué es?

Y como cantaba Julio Iglesias, la vida sigue igual.
No aprendo que unas pocas palabras, por muy a tiempo que hayan sido dichas, no cambian nada.
Me levanto con un silencio, después de unas pocas gotas de amor. Agua para el sediento, comida para el hambriento, abrigo para el que pasa frío, un corazón para otro corazón, pero sólo para hoy y nada para mañana.
Siendo una niña, en el colegio teníamos una asignatura que se llamaba Labores, sí, soy así de antigua, tanto que nos enseñaban a hacer punto de cruz, ganchillo y vainica. He de decir que es la única asignatura que he suspendido, no soy habilidosa. Aun así, el ganchillo no se me daba mal. Tenía por entonces una amiga y compañera de clase, que de toda la vida ha sido mas espabilada que yo pero también menos aplicada. Había que presentar todo un muestrario de nuestras labores de ganchillo, y ella, no lo había hecho, y yo, se lo hice enterito. Pasado un tiempo, no recuerdo muy bien que es lo que quería de ella, le recordé que me debía un favor y le dije "te hice las muestras", a lo que respondió "no haberlas hecho".
Debí aprender ese día a no esperar nada a cambio de lo que haga, a cambio de lo que dé. No pido nada, eso si aprendí a hacerlo. Pero sigo esperando siempre un premio, por pequeño que sea, algo, una muestra de reconocimiento, un... te lo mereces por todo lo que haces por mi, por todo lo que me das.
Quizá por eso esos premios vuestros, sin haber hecho nada para merecerlos, me han sabido tan bien. Porque me paso los días mereciéndome muchos premios, ganándolos a pulso, diciendo tantas y tantas veces... no te preocupes no pasa nada, otra vez será, estoy bien... haciendo mil piruetas para mantener el equilibrio de lo que me rodea, tratando de que todo el mundo esté mejor que bien, que se sientan importantes. Y es como si todos se mereciesen con creces mi esfuerzo, como si yo estuviese aquí justamente para eso, para ellos, para todos. Nadie ve nunca esas lágrimas, nadie sabe nunca como de verdad me siento, nadie me ve, porque nadie me mira. Nadie sabe si algo me duele, si se me enfría el alma de soledad, o si me sangra el corazón de amar, nadie se detiene conmigo el tiempo suficiente.
Soy tan humana como el que más, y quiero las mismas cosas que los demás, las mismas que tú.
Deja de mirarme por fuera, y por favor, mira lo que hay dentro.
No soy fuerte, sólo resistente, por fuera una roca, pero hasta las más duras se desmoronan con el tiempo. Y sentir que no le importas a nadie, es un martillo golpeando sin cesar esa roca.



sábado, 6 de agosto de 2011

365 días.

Hoy es nuestro primer aniversario, con muchas, muchísimas posibilidades de que termine por ser también el único y último.
No, no hay celebraciones, ni regalos, ni siquiera vamos a vernos. No hay noche mágica, ni estrellas, ni luna creciente, me pregunto si sigue habiendo al menos el mismo amor.
Me pasé la tarde de ayer llorando, sí, no me avergüenza decirlo, lloré sin que nada ni nadie pudiese consolarme. Tú lo sabías, pero como siempre yo misma te pongo la excusa perfecta en bandeja. No te preocupes, es sólo que acumulo mucha tensión que tiene que salir por alguna parte, pero quédate tranquilo, estaré bien. Y aunque ayer mencionaste lo especial de este día, hoy, ni siquiera te has molestado en regalarme un te quiero, o en preguntar si ya he terminado de soltar... tensión.
No lloraba por la no celebración, ni por no verte hoy, lloraba porque no dejo de ser una ilusa. Ha pasado un año, 365 días que he llenado de ilusiones, de sueños, de esperanzas, de amor para ti. No quería ver, lo que tan bien veía cuando esto comenzó, no hay futuro para nosotros y yo misma te lo hice saber. Recuerdo haberte escrito y citado un pasaje del libro que leía, que terminaba precisamente diciendo eso "el único futuro que nos queda, es el presente". Recuerdo haberte dicho que no quería que lo que acababa de pasar cambiase nada entre nosotros. ¿En qué momento deje de oírme? ¿En qué momento dejé que lo que sentía pudiese más que lo que pensaba, que lo que sabía?. Las lágrimas limpiaron de sueños mi entendimiento, se llevaron por delante las esperanzas vanas, lavaron las ilusiones, dejando una realidad límpida, cristalina, tan reluciente que hace daño al mirarla y de nuevo, me hace llorar.
Todo debió acabarse hace meses, quizá ni siquiera debió empezar. He llorado casi todos esos 365 días, unos días porque no sabía de ti, otros porque me parecía que te perdía, otros porque los imposibles me ganaban la partida, otros porque me hacía falta llorar, y otros... porque no hay nada más que eso... lágrimas y nada más.
Mato este amor una vez cada poco tiempo, y la frecuencia ha aumentado. Me lo arranco del corazón sin miramientos, te digo que se acabó, que no sirve de nada y lo sabes igual que yo, que para qué continuar, que eres feliz sin mi, y yo, yo también puedo serlo sin ti, que sigas con tu vida perfecta y que ojalá sea perfecta siempre, que vuelvo a ser sólo tu compañera y que quizá algún día vuelva a ser tu amiga. Pero que ahora tienes que alejarte de mi, ni me mires siquiera, ni me hables, ni me llames, ni me escribas, desaparece de mi vida, sé que sabes hacerlo.
Ni una sola de esas palabras abandona mi garganta, me las trago con las lágrimas, y espero, espero a que sea él quien las pronuncie.
Sé que lo hará, porque siente lo mismo que yo. Amor, sin ningún tipo de esperanza.
Feliz aniversario cariño.

lunes, 1 de agosto de 2011

Celos

Cuando uno ve una de esas telenovelas algunas veces piensa... ya no puede complicarse más, y entonces los guionistas encuentran la manera de hacerlo. Y te dices... anda ya, esas cosas no pasan en la vida real, menuda mentira. Pues pasan, algunas veces las cosas se complican tan tontamente como en las telenovelas, y nunca son fáciles de solucionar.
Celos.
No voy a decir que nunca los haya sentido, soy humana, supongo que todos en algún momento los sentimos en mayor o menor medida. La cuestión está en saber que son sólo eso, que son la gran mayoría de las veces injustificados, que no hay que oírlos ni darles pábulo. Los celos son algo que sucede solamente en tu cabeza, pero si les prestas atención... son malos consejeros, se vuelven negros, corroen todo lo que tocan. Son destructivos.
Cuando los he padecido, he callado y esperado a que se me pase. Me he convencido a mi misma de todo eso que he dicho antes, y los he alejado de mi siempre más pronto que tarde. Y puedo decir que nunca han causado problema alguno en esta... ni siquiera sé como llamarla, ¿relación? mía.
Puedo como en todo responder por mi, pero no estoy sola en esto y...
Hace unos días mencione un nombre, parece que el del mismísimo diablo, en presencia de esa mitad mía en esto. Medio de broma, sin mala intención. Alguien con quien mantuve una muy buena amistad hace casi nueve años, un hombre, otro hombre. Alguien con quien sigo teniendo cierto contacto. Contacto que se limita a una llamada de teléfono una vez al año o algo así, que por casualidades de la vida asistió a la presentación de mi libro. En fin, el dato que importa es que hablamos de hace nueve años.
Desde ese instante desconozco al hombre al que amo.
"Deja de bromear, no me gustan ciertas menciones, te quiero mucho y es normal que sienta algo de celos."
Yo, que se ve que no debo ser muy espabilada en estas cosas, pedí perdón por la broma, y con la mejor intención del mundo le conté que me llevo a aquella amistad, que nunca hubo nada mas, sólo largas conversaciones y paseos por el parque. Le expliqué la casualidad que le llevo a la presentación, expliqué y expliqué todo lo que me pareció explicable. Y él dice que cómo esa persona en concreto va a ser considerado conmigo, a ser atento sin mas motivo, sin tener nada, con alguien como yo. ¿Alguien cómo yo? ¿Qué significa ese alguien cómo yo?.
He vuelto a explicar, puede que sin necesidad pero para que lo entienda, que si tuvo alguna intención justamente la palabra es esa TUVO, en pasado, ¿qué tiene que ver con nosotros ahora? ¿qué importa lo que sucedió hace nueve años?.
Solucionamos una cosa y se nos estropean cien.
Me duele que me diga esas cosas ¿es qué él sólo es considerado conmigo porque tiene algo? ¿no decía que es y que siempre será mi amigo? ¿Cómo va a serlo?
La verdad es que no lo entiendo.
Nunca, ni por que tuviese poco de él, ni porque nunca esté para mi cuando lo necesito, ni por sus ausencias, nunca le he reprochado nada. He celebrado cada pequeño gesto que haya podido tener conmigo. He estado para él siempre, ofreciéndome incluso para cosas que nadie en mi situación se ofrecería. Y me echa en cara que hace nueve años yo tuviese un amigo.
Le dicho que ya había pedido perdón, que si me había equivocado no me costaba reconocerlo, y que desde luego no había sido mi intención despertar a ese demonio que al parecer lleva dentro. Pero no pediré perdón de nuevo.
No he hecho nada malo, y si se lo parece, fue hace nueve años.
Y él, como todos... también tiene un pasado.

Esta montaña rusa me marea.

sábado, 30 de julio de 2011

.......

Ver como te quitas el reloj para meterte en el cama, se ha convertido en un gesto íntimo.
El tiempo se queda en la mesita de noche, creando un pausa para nosotros dos. Decir que últimamente no nos habíamos entendido ni siquiera en esos silencios, no es del todo un secreto. Ni siquiera pienses, en nada, ni en mi, relájate, te hace falta a ti y me hace falta a mi.
Me matas, dijiste. Y volvería a matarte ahora mismo, y moriría mil veces del mismo placer junto a ti, te dije. Sólo contigo soy capaz de no pensar. Y entonces ¿por qué me niegas? pregunté.
Lo hace, me niega, y quisiera no necesitar lo que toma de mi.
Tengo que irme, dijiste sentandote en el borde la cama. No quieres irte, te dije mientras te abrazaba. No, no quiero, y volviste a ponerte el reloj.
Algún día te darás cuenta de...
¿Qué no puedo vivir sin amor?
Sí, de eso.


Sé que se puede, se vive, sin amor y sin tantas otras cosas. Se vive sin compañía, sin amistades, sin familia, se vive solo, pero se vive... o se sobrevive. El instinto es perdurar y sobrevivir, aguantar, sostenerse. Respiras, te late el corazón, caminas, comes, bebes, y eliminas los residuos que tu cuerpo no necesita, por lo tanto, estás vivo.
Sobrevives cada día sin mi, igual que hago yo, y sólo vivimos, unas pocas horas cada semana.
Y el tiempo en su muñeca parece hacerse eterno, hasta que él decida, volver a detenerlo.

viernes, 29 de julio de 2011

Largometraje.

Dictan las leyes de caballería que hay que respetar al débil, ser generoso con el vencido y cumplir religiosamente con la palabra.
A esta última me acojo, di mi palabra, palabra de amor, de amar fuesen cuales fuesen las circunstancias, los imposibles, las adversidades, pase lo que pase... te amaré, eso fue lo que dije y en esas palabras empeñé mi honor.
Para ser digno de considerarse caballero hay que tener al menos diez virtudes:
Bondad, valor, afabilidad, talento poético, elocuencia, fuerza, destreza en caballería, habilidad en el manejo de la lanza, la espada y el arco.
No las poseo todas, monto a caballo nada mas que regular, y no soy muy de armas, pero hoy en día no abundan las lanzas, las espadas, ni los arcos, no creo que me vea en el compromiso de tener que usarlas. Así que creo poseer las suficientes para nombrarme a mi misma caballero
Mantendré mi palabra y así estará a salvo mi honor.
No me queda más orgullo que ese, el de ser fiel a lo que en su día dije.

Ayer, se unieron un cúmulo de malos entendidos. Tantos medios de comunicación algunas veces justamente nos incomunican. Ofuscada e indignada como estaba, dejé de prestar atención a esas palomas que llevan un año haciendo de mensajeras entre nosotros. Cuando miré el correo ya tarde, vi que había escrito unos minutos después de que lo llamara.Cuando se suponía que estaba en el cine. Me avisaba de adónde iba, me decía que estaba bien y que nos veríamos hoy como estaba previsto. Yo silencié el teléfono, si lo hubiera cogido me habría ahorrado el berrinche ,pero no lo hice y el sitio al que iba... por aquí aún hay lugares sin cobertura... sin cobertura no apagado. Puedo jurar por mi pundonor de caballero que no he visto ni un atisbo de mentira en sus ojos esta mañana, y que no hemos encontrado solución para el mensaje del cine. ¿Dónde iba a estar yo en el cine a las once de la mañana? me preguntaste. Y que sé yo, contesté. Pero si hace un siglo que no voy, dijiste. Lo sé, respondí.
Siempre digo de las mentiras deben ser sencillas y tontas para que resulten creíbles.
Todo casa, lo que dice él y lo que hice yo, las horas, las idas, las venidas, menos el mensaje del cine, que aunque él jura que no lo envió yo lo recibí, y le contesté dándole a la opción de responder, y lo recibió, por lo tanto envió el primero. Llamó para explicarse y yo no contesté. Esperé para llamar, y ya no había cobertura. Y antes de irse envió el correo, que yo no vi hasta muy tarde por la tarde, en fin...
No se me da bien ser Sherlock Holmes, y entre beso y beso se interroga fatal.
Y como dije al principio, aun si lo hubiese hallado culpable, di mi palabra de amarlo hasta que él quisiese lo contrario.
Hice un mal juramento, lo sé, pero por mi honor de caballero que lo he de mantener.

Procuraré quejarme menos, no tiene sentido venir llorosa a lamentarme, para luego decirme a mi misma que estoy equivocada. Y sí, sigue sin darme más que lo que sobra, como de lo que otros no quieren, de lo que dejan cuando están llenos, pero...sigue bastándome... por ahora.
Fuimos buenos compañeros, para pasar a ser los mejores amigos, y aunque el amor amenaza con comerse a la amistad, ante todo seguimos siéndolo, por eso me dolía aún mas pensar en una mentira. A pesar de los besos la conversación ha sido seria, hemos hablado de ese no futuro nuestro. Hemos pasado el punto de no retorno, no podemos ser de nuevo amigos y nada mas, quizá algún dia, pero ahora no. Le duele alimentarme de esas sobras, sabe que no es suficiente. Dice que si yo no fuese perfecta todo sería mas fácil.
Nadie es perfecto y ¿quién quiere ser nadie?

Pero todo eso es ya otra historia...